NOTICIAS - REPORTAJES

   

       del sitio web del Fondo de Evangelización

 
 REPORTAJE 2
  1. Breve reseña de la obra evangélica en

  2. San Miguel de Reinante (Lugo)

  3. por Narciso Torviso Fernández


  4. Un servidor, Narciso nace el 20 de Agosto del año 1916 en San Miguel de Reinante (Lugo), siendo bautizado en el año 1942, juntamente con dos jóvenes hermanas en la playa de San Miguel. Soy de los pocos supervivientes que quedan de la iglesia que hubo en este lugar a principios del año 1921, iglesia que llegó a contar con 22 miembros. En la actualidad no hay testimonio. Conocí el evangelio del Señor Jesucristo a través de mis tíos José y Josefa. Fui el segundo de tres hermanos. Cuando tenía cuatro años, en el término de siete meses mi madre y mi abuela quedan viudas.


  5. Por esas fechas un colportor llamado Vicente García andaba por todo Galicia distribuyendo Evangelios y Nuevos Testamentos de casa en casa. Al llegar a la de mis tíos, estos le compran un Nuevo Testamento, lo leen y ven la diferencia entre lo que ellos creían y lo que enseña la Palabra de Dios. Mi tía era muy religiosa, y tenían mucha amistad con el cura del pueblo. La primera cosa que hicieron después de leer el Nuevo Testamento fue hablar con este cura y decirle, no que habían comprado un Nuevo Testamento, sino que les prestara el suyo. Éste les preguntó diciendo: ¿para qué lo queréis, si vosotros no lo entendéis?, solamente a la iglesia le está permitido la interpretación del texto, pero tanto insistieron que un día el cura dijo: tomad, a ver lo que sacáis de él.


  6. El motivo de pedirle el Nuevo Testamento era para comprobar si eran diferentes. Al no encontrar diferencias se dieron cuenta de que lo que les enseñaba no se ajustaba a las Escrituras, sino a tradiciones que vienen de los hombres, y que estos cambian cuando les parece, como está pasando con el “limbo” de los niños. Ahora la iglesia romana dice que estaba equivocada, otro día dirá que no hay “purgatorio”, tal vez esta iglesia que se dice “infalible” otro día diga que no hay infierno, u otra cosa más, pero Dios no cambia porque Él es la Verdad.


  7. Cuando mis tíos aceptaron al Señor como su Salvador fueron a visitar a mi madre y a mi abuela, empezando a mostrarles el Camino según las Escrituras, siendo estas las primeras que aceptaron al Señor  en San Miguel de Reinante, teniendo yo cinco años de edad.


  8. Después de haber creído mi madre y mi abuela, viudas, dejaron de ir a misa completamente y de adorar imágenes, empezando a dar testimonio de su fe. Cuando el cura supo que habían aceptado a Cristo, la amistad que tenían cambió. Antes, un día como el día de “difuntos” el cura iba al cementerio a responsar, y cuando terminaba la tarea, pasaba por casa de mis tíos, tomaba allí café y les decía: “mira Josefa, mira para aquí cuanto he ganado hoy, (tintineando el bolso de la sotana)”. Tenía el bolso lleno de monedas de cobre, tal vez eran de diez céntimos ó cinco céntimos de vellón, como le llamaban antiguamente. Esta confianza después ya no se tenía.


  9. Mis tíos son trasladados de Ribadeo a otros lugares de El Ferrol y La Coruña, no sé si por represalias. Es en estos lugares donde tienen conocimiento de que en Lugo ciudad existía una iglesia. Los Davis y los Ginnings hablan con los creyentes en Lugo, empezando D. Vicente Rodríguez a visitar la casa de mi madre y mi abuela, donde se abrieron las puertas al pueblo ansioso de saber lo que creían los protestantes. La casa se llenaba abajo en la cocina, la escalera y un cuarto de arriba, de tal manera que en una ocasión los pontones del piso no resistieron el peso y cedieron, teniendo D. Vicente Rodríguez que apuntalarlos, pues había sido carpintero. Esto duró unos dos o tres años ya que la casa no reunía condiciones y empezaron a aparecer trabas para poder reunirse. Mi madre y mi abuela tenían un pajar, hecho de piedra, donde se guardaba la paja y el heno. D. Vicente Rodríguez y otros empezaron a decir: “vamos a reunirnos al pajar”, y nos empezamos a reunir en el pajar y en otra dependencia que había delante como cobertizo y en el camino, llenándose todo. Aquí ya hubo fruto convirtiéndose D. Manuel Rico González y su esposa Dª Ramona Fraga y más tarde sus siete hijos, de los cuales hoy no viven más que Isabel, la más joven, en Argentina y Ramón Rico, el tercero, en Soaserra con 98 años de edad, postrado en cama, enfermo desde hace más de 12 años, juntamente con su esposa Esperanza, de 96 años de edad.


  10. Estas fueron las primicias del evangelio en San Miguel de Reinante, las predicaciones seguían, pero la gente ya acudía menos. En lugar de reunirnos todos los domingos se hacía cada dos y después una vez al mes, porque el comezón de la gente terminó. Continuábamos reuniéndonos en las casas y algunos más habían creído, ya éramos unos doce y con niños unos quince.


  11. Las casas no reunían condiciones, el pajar tampoco. Si venía algún interesado no eran locales apropiados. Fue entonces cuando se acordó entre algunos siervos, Don Jorge, Davis (padre), Don Arturo y otros creyentes de El Ferrol y Ares, alquilar en Benquerencia una casa con piso arriba. El bajo había sido antiguamente una panadería, se acondiciona, se pone una pequeña plataforma y bancos, para utilizarlo como local para los cultos. Don Vicente Rodríguez de Lugo se viene a vivir al piso con su esposa y los niños.


  12. La membresía  en este lugar era la de San Miguel de Reinante y también algunos de Benquerencia que se habían convertido en este lugar  Severino Neira Rey y su esposa Josefa Dorado, con sus hijas e hijo; Encarnación, Pérsida, Laura y David.


  13. Después de un tiempo Don Vicente Rodríguez vuelve para Lugo y viene Don Jorge Davis (hijo), con su esposa e hijas; está viviendo en Benquerencia varios años, hasta que de nuevo se acuerda volver para San Miguel de Reinante. Por mediación de mis tíos que estaban en Ribadeo, se alquila una casita en el barrio de “Pumarubín” que tenía un bajo y un piso alto que se adaptaba bien para lo que se quería.


  14. Aquí, la congregación, después de un tiempo decide cambiarse a otro lugar, a un barrio que se llama “Triana”, y alquilar un bajo que había estado dedicado a bodega. Después de adecentado poniéndole un suelo nuevo, se trasladó la plataforma y los bancos del otro local y empezamos a reunirnos aquí. En este nuevo local nos reunimos los mismos y algunas personas que habían estado en Cuba y Argentina, formando ya un grupo de unos veinte miembros. En este lugar los cultos se celebraban los jueves y los domingos por la mañana y por la tarde.


  15. Un domingo cuando estábamos llegando para el culto de comunión y otros ya estaban dentro del local, se presenta la guardia civil preguntando si disponemos de permiso para reunirnos tomando nota del nombre de los que allí estábamos. Entre los reunidos se encontraba el dueño del local que algunas veces por curiosidad asistía a las reuniones. Al pedirle a él también el nombre dijo: “yo no, yo no soy”, la guardia civil le dijo, “da igual, usted está aquí como los demás”, procediendo la guardia civil a precintar la puerta con un papel que decía: prohibido entrar.


  16. Desde este momento este local-capilla ya no se volvió a abrir, no obstante se estuvo pagando el alquiler durante tiempo para ver si cambiaba la situación. Se estaba en guerra, y como esta se prolongaba, se decide dejar el local al propietario y volver  a reunirse por las casas.


  17. Cuando termina la guerra, Franco promulga la Ley llamada “Fuero de los Españoles”, que era como una pequeña Constitución, pero no votada por el pueblo. Con todo, algunos artículos no eran malos, uno que se refiere a la libertad religiosa decía más o menos así: “Todo español tiene derecho a reunirse pacíficamente, sin impedimento alguno en sus lugares de culto”. Basados en esto, (que después no resultó realidad) acordamos tener capilla propia. El primer paso fue comprar el terreno. Una señora nos ofreció uno bien situado en el barrio de “Pumarubín” en San Miguel de Reinante, que se hacía grande para nuestra economía por lo que compramos aproximadamente la mitad, y nos pusimos todos manos a la obra.


  18. Se empezó a juntar piedras de una cantera y del mar, acarreando con carros de casa, (todos éramos labradores). Algún amigo también ayudó. Cuando hubo acopio empezó la obra, hizo falta mucha fuerza y mucho sacrificio. Había problemas de material y escote tras escote, que si piedra, que si arena, que si cemento, pero con celo y con tesón la obra seguía adelante. Recibimos varias “inyecciones” de ánimo y ayuda, la principal de Soaserra, que se ofreció a hacer todo el cierre de ventanas y puertas en madera de castaño, lo ofreció y lo cumplió. Otra ayuda fue de 40 libras esterlinas que, un hermano inglés nos mandó desde Inglaterra, por mediación de D. Arturo Ginnings. Alguna ayuda más hubo, pero no tan significativa. La obra se terminó, venciendo los problemas, la mano de Dios estaba en todo ello, por eso salió adelante.


  19. Se escogió fecha de inauguración, se invitó a hermanos de Lugo, El Ferrol, Ares, Soaserra, La Coruña y a los de cerca. Hubo un lleno total. Muchas personas estaban fuera teniendo que tener las ventanas y puertas abiertas para que pudieran ver y escuchar. En este local-capilla se celebraron dos aniversarios de inauguración.


  20. Un día llegó la guardia civil pidiendo el permiso gubernativo. No lo había. Nos habíamos amparado en la Ley del Fuero para abrirlo. Nos dijeron que los locales-capilla que estaban abiertos tenían permiso anterior a la guerra, y sin más precintaron.


  21. Estuvo en esta situación casi un año, sin abrirlo para poder limpiar y ventilar. Don Jorge cursaba solicitudes de apertura (a mi nombre) y pocas veces contestaron. Cuando lo hacían eran negativas o para acusar recibo. Después de mucho insistir nos dejaban la llave para limpiarlo y al terminar había que entregarla de nuevo en el juzgado. El local-capilla cada vez se deterioraba más, los suelos eran de madera de pino, a no ser puertas y ventanas que eran de castaño. Mi esposa Noemi y yo nos poníamos un pañuelo en la cabeza y en la boca y a limpiar y barrer polillas, y de nuevo a entregar la llave en el juzgado. 

  22.                                                                                           Foto: Capilla Evangélica y más tarde vivienda


  23. Cansados de esta situación fui personalmente al Gobernador para solicitarle la apertura. Su contestación fue tajante: “mientras yo sea Gobernador eso no se abre”.                 


  24. Con este panorama optamos, (más bien Don Jorge) por solicitar permiso para adecuar el local-capilla para vivienda y así poder salvar el edificio y poder abrirlo, ventilarlo y limpiarlo cuando se quisiera. Concedieron autorización y poniendo unos tabiques para una cocina y dos dormitorios, sufragando los gastos Don Jorge, yo corrí con la obra.


  25. Don Jorge pasaba y estaba algunos días aquí en sus viajes de misión y en verano algunos días más, (tres o cuatro veces nada más). En una ocasión también estuvo un hermano de Don Ramón Rico que vino de Argentina. El resto del tiempo estaba cerrada. En este momento solamente quedábamos la señora Rosa, ya anciana, Noemí y yo. Unos habían fallecido, la mayoría emigrado a  Argentina, otros a Soaserra, a Avilés y a El Ferrol, no sé si alguno, a otro lugar más.


  26. Ante esta situación se optó por vender, saliendo un comprador, que resultó ser hermano de la señora que había vendido el terreno. Solamente ofrecía 100.000 pesetas. Después apareció otro y se le vendió en 215.000 pesetas, las cuales se repartieron a partes iguales a Lugo, Soaserra y Avilés, dejando una pequeña cantidad para arreglo del cementerio en combinación con el cura y el resto para ayuda a la señora Rosa, anciana, que ya falleció.


  27. De todo este relato, casi no queda más que el recuerdo y esto también se olvida. La cosecha solo Dios la conoce. Lo que fue local-capilla, aquí en San Miguel, continúa aunque con pocas reformas. El pueblo aún la llama “la casa del culto”.


  28. El cementerio ahí está, “memoria histórica”. Me recuerdo del versículo de San Lucas 19:40… si ellos callan, las piedras siguen hablando.


  29. Quedan muchas cosas que narrar, pero lo principal de más de noventa años de historia queda expresado.


  30. Hay un dicho que dice, “todo hombre en su vida por lo menos debe de tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.” Lo primero lo justo, lo segundo con creces y lo tercero un simulacro de libro gracias a mi amigo y hermano en la fe Agustín Manuel Fernández Martínez que me animó a hacerlo, colaborando  después de grabado, pasándolo a este formato.


  31. Quiénes lean estas memorias notarán muchas deficiencias y si vivieran en aquel tiempo verían las cosas con otro prisma. Así les pasó a los cuatro Evangelistas.


  32. Muchas gracias.


  33. Narciso Torviso Fernández


  34. Avilés, 9 de enero de 2008.


  35. ___________________________________________



  36. NOTICIA DEL FALLECIMIENTO DEL AUTOR DE LA RESEÑA:




  37.     El pasado 13 de Mayo de 2009, dormía en el Señor en Avilés, a los 92 años de edad y después de varios meses de enfermedad, nuestro querido hermano en la fe, NARCISO TORVISO FERNÁNDEZ.


  38.     Su cuerpo fue trasladado al tanatorio de San Miguel de Reinante (Lugo), de donde era natural. Allí se celebró un culto, estando la predicación a cargo de nuestro hermano David García Valdés. Asistieron hermanos y numerosos amigos de Lugo, Soaserra, Ares, Gijón y Avilés. A continuación acudimos al cementerio para depositar sus restos mortales en el nicho familiar,  cumpliendo así con su deseo.


  39.     Narciso se casa en Ares el 13 de Marzo de 1958 con Noemi Cudilleiro Suárez, de cuyo matrimonio tienen una hija, Ludi.


  40.     En el año 1971 se trasladan a Avilés, donde reside hasta su fallecimiento.


  41.     Destacamos su fidelidad al Señor, su amor por la Palabra, y su constancia en la asistencia y participación en los cultos siendo un ejemplo de estabilidad doctrinal, dando en todo tiempo muestras de sencillez y paciencia, dejándonos un muy buen ejemplo en la asamblea, y entre aquellos que lo conocían.


  42.    Nos consuela saber que la separación es por un breve tiempo, ya que pronto estaremos de nuevo juntos en la presencia de Aquel que está preparando lugar para que donde Él está, nosotros también estemos.

 

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