Dolores Montes Martínez
Conversión

    Siendo adolescente, me gustaba desplazarme y pasar largas temporadas con unos familiares que tenía en El Centenillo. Un día, mi tía me llevó a una casa donde se reunían los creyentes evangélicos clandestinamente, porque unos años antes las nuevas autoridades habían convertido en almacén el hermoso local de culto donde se reunía la Iglesia Evangélica. Pasaron los meses, y sin darme cuenta, un día, me miré a mí misma y me encontré libre, habiendo entendiendo la verdad del evangelio y reconociendo que era pecadora y que necesitaba un Salvador. En Julio del 1.950 fui bautizada en la Iglesia Evangélica de la calle Cambroneras, 27 en Linares por uno de sus Ancianos, D. José Casado.


Primeras actividades en Bailén

    Manuel González de Prado, que después llegó a ser mi esposo, tenía la responsabilidad de pastorear la Iglesia Evangélica de El Centenillo y me dio una carta de recomendación para que me ayudara el pequeño grupo de creyentes que, en aquel momento, había en Bailén. Antes de la Guerra Civil había existido un buen testimonio pero después sólo permanecían unas pocas familias. No fue fácil el restablecimiento de la vida normal de la Iglesia en aquellos momentos, pero he de decir que, en torno a ese tiempo fue cuando comenzaron a programarse con regularidad las reuniones con la inestimable ayuda y valentía de Juan Redondo y a los hijos de D. Juan Bautista García que venían desde Linares y que posteriormente tuvieron que emigrar a Argentina.

   

Matrimonio

    Durante este tiempo, y a caballo entre Bailén y El Centenillo, había contraído compromiso de matrimonio con Manuel González de Prado. Nos casamos en la Iglesia de La Carolina el 10 de noviembre de 1.950. La ceremonia la dirigió D. Juan Bautista García, Anciano de la Iglesia en calle Cambroneras.


Trabajo antes de la encomendación

    Mi primer hogar, después de mi casamiento, lo establecimos en El Centenillo por motivos laborales; pero siempre teníamos presente, en nuestro corazón y oraciones, la nueva etapa de la obra en Bailén y La Carolina. Ésta última continuaba fiel al testimonio aunque resentida por una significativa escasez de dones masculinos. Sí destacaba en aquellos momentos la hermana Irene Pérez con su abnegada atención a los niños huérfanos. Desde el año 1.953 a 1.963 combinamos el trabajo sistemático entre El Centenillo y La Carolina con actividades esporádicas en Bailén. Fueron años felices, intensos y fructíferos. Teníamos, permanentemente, en nuestro corazón el versículo de Romanos 12:13,“... compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad” Una y otra parte de este versículo era, para nosotros, como una llamada continua. Fue así como asumimos la preocupación por la atención del sustento a los Obreros del Señor - que ya había sido sistematizada en 1.949 al cooperar, mi esposo, con otros hermanos, en la fundación de FONDEVAN. De esta manera - aparte del ministerio - la hospitalidad y el sustento de los hermanos fueron preocupación y ocupación permanentes en aquellos días.

   

Final de la Mina de El Centenillo

     En 1.963 se cierran las minas de El Centenillo y todo el mundo se tiene que marchar a otros lugares para ganarse la vida. ¿Y nosotros, qué haríamos? Mientras pensábamos estas cosas nos trasladamos a  La Carolina. Empiezan a aparecer numerosas ofertas de trabajos. Ante esto, la única dificultad que encontrábamos era una creciente preocupación espiritual por la Iglesia de La Carolina y un trabajo pastoral que arreciaba por momentos. y, ya, no sólo en La Carolina sino que se extendía a muchos pueblos y aldeas de nuestro alrededor. Estas circunstancias hicieron que tuviésemos que tomar una decisión. Para ello, establecimos un período de oración y reflexión. Cumplido el tiempo nos dimos cuenta de la orientación que daba el Señor. Habíamos visto, claramente, la necesidad y no podíamos oponernos a los propósitos de Dios. De esta manera, aceptamos su designio y entendimos que debíamos emplear todo nuestro tiempo en Su servicio.

   

Encomendación

    Nuestra encomendación se llevó a efecto a través de la Iglesia de Cambroneras, 27, Linares, en el mes de octubre de 1.968. Desde la fecha anterior y hasta el 15 de octubre de 1.979 colaboramos, mi esposo y yo, como un pequeño equipo en toda suerte de tareas, necesidades y ayudas al ministerio; pero a partir de ese momento el Señor permitió que él descansara  y yo continuara aquí. Para mí, es hermoso recordar aquellos años de íntimo servicio; pero ello carecería de valor si, yo misma, no hubiera comprobado las bendiciones que dicha actividad reporta. Por tanto, permítanme que haga una cariñosa exhortación, desde estas líneas, para fomentar equipos indisolubles de servicio, dentro de todas las familias cristianas.


Actualidad

    Actualmente, mi afán sigue siendo el mismo que el de hace, ya, muchos años: continuar ayudando en la Obra del Señor a pesar de mis limitaciones. Mis dos hijos son también discípulos del Maestro y cada uno de ellos está ayudando en el servicio al Señor de acuerdo a sus dones.


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El Señor llamó a Dolores Martínez a Su presencia el día 6 de Abril de 2.012. Después de una larga vida de servicio a Su Señor, ahora descansa en el lugar al que anhelaba llegar. Aquí deja un sitio vacío en el corazón de los muchos hermanos que la conocieron y la amaron, pero nos consolamos en la certeza de nuestro próximo encuentro en el bello lugar al que ella se nos adelantó.

Lugar de Nacimiento: Bailén, Jaén.

Fecha de Nacimiento: 02-07-1927

Estado: Con el Señor

Hijos: María Dolores y Manuel Braulio.

Nietos: Sara, Damaris, Raquel, Juan Pablo, Manuel Braulio, Ana Clarisa, María Eugenia.

OBREROS

DOLORES MONTES MARTÍNEZ

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